El inversionista estadounidense Jim Rogers ha salido por completo del mercado de valores de Estados Unidos y uno de los principales destinos a los que ha trasladado su capital es la bolsa de Uzbekistán. Hacia finales de 2025 vendió todos sus activos en el país norteamericano y señaló que las acciones uzbekas se han convertido en una posición “inusual” dentro de su cartera, al tiempo que declaró haber adquirido la mayoría de los valores que cotizan en el mercado local.
Se trata de la bolsa de “Tashkent”, donde cotizan alrededor de 85 empresas de los sectores bancario, energético, de telecomunicaciones y otros. Rogers considera que este mercado aún es joven y se encuentra en proceso de apertura: la capitalización y la liquidez son modestas, pero, según su evaluación, el potencial de crecimiento está ligado a la continuación de las reformas económicas, el programa de privatizaciones y una posible ola de OPV (Ofertas Públicas de Venta).
Ya en 2021, Rogers había expresado públicamente su interés en Uzbekistán y esperaba una mayor apertura de su economía, así como la salida de empresas estatales al mercado bursátil. Ahora afirma que la economía “finalmente se ha abierto”, lo que fue, según él, la señal para entrar de forma activa en los activos uzbekos. Apuesta también a que más inversionistas internacionales se sumarán a esta tendencia, impulsando con ello las valoraciones de las compañías locales.
La estructura de su inversión en Uzbekistán es fundamental: mantiene exclusivamente acciones de emisores locales y deliberadamente evita comprar deuda soberana del país.
Al mismo tiempo, Rogers no cubre (hedgea) los riesgos cambiarios, mostrando así su confianza en el sum uzbeko e incorporando a su estrategia un escenario en el que el tipo de cambio se mantenga estable o incluso aporte una ganancia adicional al rendimiento de las acciones.
El giro en su estrategia se produce tras abandonar el mercado estadounidense, después del ciclo alcista más largo de la historia. En paralelo, Rogers muestra cautela con respecto a China, donde aún mantiene una amplia cartera, pero considera realizar beneficios ante lo que percibe como un mercado sobrecomprado. En este contexto, Uzbekistán aparece en su visión como un mercado fronterizo con potencial asimétrico: los riesgos son elevados, pero, a su juicio, están compensados por la posibilidad de un crecimiento sustancial del valor de los activos si las reformas continúan y se mantiene la entrada de capital extranjero.



